Hay una pregunta que nos hacemos con frecuencia cuando alguien llega a consulta después de un golpe fuerte, y fíjate que va más allá de qué pasó, porque eso ya lo sabemos, la pregunta es cómo se está tratando a sí misma esa persona desde que pasó.
Porque la sensación de fracaso revela mucho más que lo que salió mal, revela cómo está construida tu identidad por dentro, qué tan amarrado está tu sentido de valor a lo que logras o dejas de lograr. Y el éxito también revela, aunque eso lo entendemos mucho menos.
Dos personas, el mismo golpe
Marcos y Elena llegaron con pocas semanas de diferencia. Los dos habían cerrado un negocio que levantaron durante años, los dos lo perdieron todo, más o menos en las mismas circunstancias.
Marcos llegó paralizado, con el sueño perdido, alejado de su familia porque sentía que merecía estar con ellos únicamente si estaba produciendo, y me dijo casi en voz baja: "si me quitas el negocio, ya ni sé quién soy".
Elena llegó distinta, también dolida, también agotada, pero me dijo algo que se me quedó grabado: "perdí el negocio, y lo que aprendí para montarlo se viene conmigo".
Mismo golpe, dos estructuras internas completamente distintas. ¿Qué tenía Elena que Marcos todavía estaba construyendo? Uno pensaría que experiencia, dinero o hasta suerte, y la verdad verdadera es que era otra cosa: identidad.
Lo que pasa internamente cuando el resultado te define
Cuando una persona construye su sentido de valor sobre lo que logra, ocurre algo predecible: su autoestima sube y baja con los resultados, gana y se siente capaz, pierde y siente que ella misma es el fracaso. El golpe deja de ser contra lo que hizo y pasa a ser contra lo que es.
A eso lo llamamos autoestima alquilada, porque el valor propio termina viviendo en casa ajena: en el cargo, en el reconocimiento, en el número de la cuenta, en la opinión de los demás. Y todo lo alquilado tiene la misma característica: te lo pueden quitar.
Querer lograr cosas es completamente sano, el detalle aparece cuando los logros se convierten en el único sostén de quien crees que eres, porque ese es un terreno frágil para vivir, exige que todo salga bien todo el tiempo, y una vida donde todo sale bien todo el tiempo está por inventarse.
En consulta vemos que muchas veces llega la persona con la autoestima alquilada viviendo en tensión permanente, cuando va bien necesita más para seguir sintiéndose bien, cuando va mal se derrumba de una manera desproporcionada frente a lo que ocurrió, y en los dos escenarios hay algo que jamás termina de asentarse: la tranquilidad.
El éxito también tiene trampa
Hay algo que el fracaso revela a gritos y el éxito revela en silencio.
¿Cómo te comportas cuando ganas? ¿Te permites celebrar o inmediatamente te exiges el siguiente nivel? ¿Puedes recibir el reconocimiento en su tamaño real, sin minimizarlo y sin inflarlo? ¿O el éxito también te genera ansiedad, porque ahora tienes algo que perder?
Hemos acompañado personas a las que el éxito les generaba más angustia que el fracaso, porque con el fracaso ya sabían sobrevivir, mientras que el éxito venía con la exigencia de mantenerlo persiguiéndolas día y noche. ¿Te ha pasado?
La forma en que procesas el éxito habla exactamente de lo mismo que la forma en que procesas el fracaso: qué tan sólida está tu identidad por dentro, con independencia de lo que ocurra por fuera.
Cómo se construye una identidad que se sostiene sola
La identidad es una construcción, y como toda construcción, se puede trabajar. Eso es lo primero que le decimos a alguien que llega en el estado en que llegó Marcos.
Lo que distingue a alguien como Elena va más allá del dolor, porque perder le duele igualito, lo que la distingue es que tiene un núcleo interno que queda fuera del alcance del resultado: sabe quién es más allá de lo que tiene o deja de tener.
Ese núcleo se construye con autoconocimiento, con trabajo interior, y muchas veces con el acompañamiento de alguien que te ayude a ver lo que desde adentro se vuelve invisible.
Dos herramientas para empezar a trabajarlo
La primera es la separación entre el hecho y la persona. Después de un fracaso, hazte esta doble pregunta en voz alta: ¿qué falló en lo que hice, y qué de lo que soy me ayudó a llegar hasta aquí? Son dos preguntas distintas y las dos merecen respuesta, una habla del resultado, la otra habla de ti, y aprender a sostenerlas por separado cambia la forma en que atraviesas los golpes.
La segunda es el inventario de lo que nadie te puede quitar. Tómate un momento y escribe: ¿qué valores guiaron tu proceso, aunque la meta haya quedado pendiente?, ¿qué aprendiste?, ¿qué demostraste de ti solamente por intentarlo? Ese inventario es tuyo con resultado bueno o con resultado malo, y es exactamente el material con el que se construye una autoestima propia, de esas que se sostienen solas.
Preguntas que nos llegan en Psicovivir
¿Es normal sentirse una persona diferente después de un fracaso grande? Muy normal, y tiene explicación: la sensación de fracaso sacude todo lo que creemos sobre nosotros mismos, incluyendo lo que creemos que valemos. Buena parte del trabajo consiste en aprender a separar lo que ocurrió de lo que eso significa sobre ti como persona, esa distinción toma su tiempo, y cuando la internalizas, cambia todo.
¿Por qué hay personas que se recuperan rápido y otras que tardan años en salir del hoyo? Va mucho más allá de la fortaleza o del carácter, aunque a veces lo parezca. Tiene que ver con la estructura interna que cada quien tiene en ese momento: una identidad amarrada a muchas cosas además de ese resultado específico, una red de apoyo real, herramientas para procesar lo que se siente en vez de esquivarlo. Y todo eso se construye, se aprende, llega con trabajo, así de sencillo.
¿Cómo sé si mi autoestima depende demasiado de los resultados? Una señal bastante clara es que tu estado emocional cambia de manera radical según lo que esté pasando afuera. Otra es que el éxito te trae más presión que paz. Si en algo de eso te ves reflejado, vale la pena revisarlo antes de que llegue el próximo golpe. ¿Sí va?
Marcos encontró la respuesta
Tardó varios meses. La pregunta era simple y al mismo tiempo la más difícil que había enfrentado: ¿quién eres si te quito el negocio, el cargo, el resultado?
Al principio la respuesta era puro silencio, y ese silencio era parte del problema, toda su identidad estaba construida sobre lo externo, y cuando lo externo se cayó, quedó buscando dónde apoyarse.
Con tiempo y con trabajo fue apareciendo algo más sólido, una manera de verse que se mantenía en pie con buen resultado o con mal resultado. Y ojo con esto: eso lo construyó acompañado.
Si sientes que tu sentido de valor sube y baja con lo que pasa afuera, o que cada tropiezo te tumba más de la cuenta, en Psicovivir podemos acompañarte en ese proceso, una sesión inicial es suficiente para empezar a entender qué está ocurriendo y por dónde trabajarlo.
Los resultados van y vienen, quien tú eres se queda contigo. Asegúrate de que eso que se queda esté bien construido.